Objetivo: que los niños y niñas de 4-5 años (I4) reconozcan, nombren y expresen sus emociones básicas (alegría, tristeza, enfado y miedo) de manera verbal y gestual, y apliquen estrategias sencillas de autorregulación en situaciones cotidianas del aula.
Rúbrica de evaluación:
| Criterio | Nivel 1 (incipiente) | Nivel 2 (en desarrollo) | Nivel 3 (competente) | Ponderación |
|---|---|---|---|---|
| Reconocimiento de emociones | Identifica 1 emoción correctamente | Identifica 2 emociones correctamente | Identifica 3 o más emociones correctamente | 30% |
| Expresión verbal y gestual | Apenas expresa la emoción | Expresa parcialmente la emoción con palabras o gestos | Expresa claramente la emoción con palabras y gestos | 30% |
| Aplicación de estrategias de regulación | No aplica ninguna estrategia | Aplica estrategias con ayuda | Aplica estrategias de forma autónoma | 40% |
Instrumento de evaluación: observación directa y registro anecdótico del docente durante la actividad.
¿Cómo he utilizado la Inteligencia Artificial?
Para diseñar esta actividad, indiqué a Copilot que necesitaba elaborar un análisis crítico sobre el uso de la IA en educación infantil desde mi perspectiva como futura docente. Le pedí que incluyera un objetivo de aprendizaje relacionado con la gestión emocional en niños de I4, y que propusiera una actividad evaluable mediante una rúbrica, con criterios claros y ponderados. Además, le solicité que describiera el procedimiento de interacción, explicando cómo había proporcionado las indicaciones y cómo la IA había generado la propuesta.
Durante el proceso, fui proporcionando contexto detallado sobre la edad del alumnado, el área de competencias emocionales y la necesidad de vincular la actividad con estrategias de regulación sencillas. Gracias a esta interacción, la IA me ofreció un esquema coherente y adaptable, que luego pude ajustar según mis criterios profesionales y la realidad del aula. Este procedimiento me permitió comprobar que la IA es una herramienta útil para estructurar ideas, generar recursos y optimizar la planificación, siempre que se utilice de manera reflexiva y crítica.
Reflexión
Después de realizar la actividad en la que le pedí a la Inteligencia Artificial que diseñara una rúbrica para trabajar el reconocimiento de emociones y la aplicación de estrategias básicas de autorregulación en niños de 4 a 5 años, he podido observar tanto ventajas como limitaciones de esta herramienta.
Por un lado, la IA respondió rápidamente y generó una estructura clara y organizada, lo que me permitió contar con un primer borrador útil y coherente para planificar la sesión. Esto demuestra su capacidad para organizar información educativa de manera eficiente y ofrecer apoyo en la creación de recursos pedagógicos.
Sin embargo, como no le proporcioné información detallada sobre el grupo, el tipo de actividad ni los objetivos específicos de la sesión, la rúbrica resultante fue bastante genérica y poco ajustada a la realidad del aula y a las necesidades concretas de los niños de I4. Esto me ha hecho darme cuenta de que la IA solo es verdaderamente útil cuando se le proporciona un contexto completo y preciso.
Además, esta experiencia me ha confirmado que los docentes debemos revisar críticamente las propuestas que ofrece la IA, adaptarlas y complementarlas con nuestro conocimiento profesional, asegurando que se ajusten a las competencias emocionales que queremos desarrollar y a la diversidad de nuestro alumnado.
La IA no sustituye al docente, sino que potencia su labor cuando se utiliza con criterio, intención pedagógica y sensibilidad hacia el contexto educativo. En mi caso, me ha servido como herramienta de apoyo para estructurar ideas, generar recursos y enriquecer la planificación de la sesión de gestión emocional en I4.
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